Un nuevo paradigma: Subrogar el embarazo. Reflexión sobre la maternidad subrogada, útero subrogada o útero en alquiler.

  1. “Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.” Genesis 16: 1,2

    Podemos definir que la bioética analiza y estudia, de una manera interdisciplinaria, los problemas creados por los avances en la tecnología y su aplicación en la medicina así como en otras áreas. Los avances en el campo de la medicina específicamente, redefinen sus indicaciones y aplicaciones tradicionales lo que genera nuevos cuestionamientos.

    Un nuevo paradigma contempla nuevos interrogantes.

    La tecnología se desarrolla, la medicina avanza en sus objetivos, y la mirada social se transforma frente a estos escenarios donde el pensamiento bioético, como método dinámico, siempre participa en la búsqueda de respuestas.

    Las alternativas al alcance para lograr una descendencia biológica en pacientes estériles incluye la subrogación de vientre.

    El útero de alquiler, el útero subrogado o la maternidad subrogada son todos sinónimos de una práctica que, sin duda crecerá en nuestro país, independientemente de la falta o lo restrictivo de una normativa legal y exige una reflexión profunda sobre este nuevo escenario.

    La maternidad subrogada es la inseminación artificial de una mujer por una donación de uno o más embriones producto de una pareja donde la mujer no puede gestar el producto de la concepción.

    La pareja provee las gametas (el hombre provee los espermatozoides y la mujer el óvulo) y éstas se fertilizan en el laboratorio, para luego implantar al embrión o los embriones en el útero de otra mujer (madre subrogada) quien lo lleva hasta el termino (lo gesta) y lo hace nacer (parto) para luego entregar a la pareja de donantes al niño y cediendo los derechos sobre el mismo.

    La falta de una normativa legal genera licencias, y las prácticas NO prohibidas podrían imponerse.

    Por otro lado, la incorporación de una norma restrictiva de una práctica ya establecida, en muchos casos, lejos de desactivarla, promueve su ejercicio activo dentro de la ilegalidad y de la clandestinidad.

    Nuestra sociedad, así como el resto del mundo, posee ejemplos diversos de estas dos situaciones.

    Como en la mayoría de los nuevos procedimientos, hay quienes están de acuerdo y quienes en cambio generan una severa condena.

    No puede además soslayarse que la adopción tanto doméstica como internacional es un camino sumamente difícil para formar una familia a punto tal que varias parejas se sienten humilladas y degradadas por los controles previos y posteriores y por la agónica espera.

    Esta práctica muestra a una mujer que desea un hijo y a otra que desea gestarlo.

    Cada una con su necesidad y con su objetivo. Mediáticamente suele llamarse a este u otros procedimientos como una “maternidad a cualquier precio”, pero este título inquietante no hace más que favorecer los aspectos negativos y de condena que hace a la visión que puede tener una sociedad sobre estos métodos para el logro de tener un hijo.

    agosto 14, 2016 a las 8:05 pm #8863 Responder
  2. Es un ejemplo magnífico el que se nombra, una vez más nada mejor que un texto bíblico para demostrar las barbaridades que se pueden llegar a cometer.

    Así, podemos traducirlo en:

    Vale, somos una pareja estupenda y tenemos de todo, incluso una esclava, pero no podemos tener hijos. Así pues, que mi marido copule con la sierva, la deje embarazada y luego le arrebatamos el hijo. Todos contentos y no ha sufrido nadie, ¿verdad? Es mi manera de interpretar ese pasaje.

    Legalizar esta técnica sería suavizar de cara a la sociedad este delito. Sin relaciones sexuales de por medio, pero al fin y al cabo, el uso de una mujer en situación de inferioridad en beneficio de otros.

    Estoy de acuerdo en que si es ilegal se va a hacer de manera clandestina, pero no estoy a favor de facilitarles la labor.

    agosto 16, 2016 a las 2:14 pm #8886 Responder
  3. De nuevo en la inopia.

    Anda que tendrá mucho que ver un pasaje bíblico de una esclava de hace 2.000 años, a la que el patrón dejaba embarazada, con una GS, en el que el embrión que gesta la mujer no proviene de ningún óvulo de la gestante si no o bien de la madre de intención o de una ovodonación de una tercera.

    Vamos “lo mismito” que un pasaje de la biblia de hace dos milenios!!! En hace dos milenios se han quedado muchas…

    agosto 17, 2016 a las 10:45 pm #8896 Responder
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