La historia de Rubén y Anabel: gestación subrogada tras un cáncer

Esta es la historia de cómo conseguimos formar una familia gracias a la gestación subrogada. Somos Rubén y Anabel, padres de Rafael, aunque todos le llamamos Chencho en un guiño a esa maravillosa película española de “La Gran Familia” (1962), donde el pequeño Chencho se le pierde al abuelo en Navidad, y se pasan toda la película buscándole, y al final le encuentran, al igual que nosotros encontramos a nuestro hijo y por fin dejamos de buscarlo.

Tras sufrir un cáncer de mama en 2009, nuestra vida da un vuelco de 180 grados, y tras salir airosos de varias recaídas, decidimos centrarnos en completar nuestra familia.

Tras intentar ser padres a través de la adopción durante 7 años y ser denegada debido a la enfermedad de Anabel, optamos por la gestación subrogada para llegar a cumplir nuestro sueño de ser padres. Mientras nos decidíamos probamos también con la acogida internacional.

La aventura de la gestación subrogada en Tailandia

Comenzamos a barajar opciones en 2012. Nuestra primera opción fue India, pero el verano del año 2013, India cambió la ley, de forma que ya no dejaron iniciar este proceso a extranjeros, nos quedaban menos opciones y nos decidimos por Tailandia.

En un par de ocasiones ya habíamos visitado el “país de los hombres libres” como les gusta hacerse llamar, nos gustaba de siempre su manera de ver la vida, la amabilidad de su gente y su cultura.

No podíamos aportar los óvulos, por lo que recurrimos a la ovodonación. Con la donante de óvulos elegida, la clínica se encargó de encontrar a una gestante, joven, soltera y con al menos un hijo anterior; nos hubiera gustado participar en la elección de la gestante, pero no pudimos.

No obstante, creo que no hubiéramos tenido criterio ni tiempo suficiente para poder valorarla, y tras el trato maravilloso que mantenemos con ella, estamos muy contentos de la elección de la clínica.

Viajamos a Bangkok en enero de 2013, y nuestro hijo nació en diciembre de 2014, y eso que tuvimos un primer intento fallido, incluyendo cambio de gestante. El proceso fue realmente rápido, ¡en 11 meses fuimos papás!

Vivir el embarazo a cientos de kilómetros

Esos 11 meses pasaron despacito, porque el embarazo lo vivimos en la distancia, a la espera de una ecografía y/o un reporte médico.

El primer trimestre pasó rápido, cada semana una ecografía y todo perfecto. Los siguientes dos trimestres fueron mucho más lentos, porque la ecografía nos la reportaban cada mes, y además se produjo una gran confusión social en Tailandia con un golpe de estado y una prohibición de la Gestación Subrogada para extranjeros (agosto 2014).

Lo más importante para nosotros era que el bebé y la gestante estuvieran bien. Y así fue. Llegó el momento de viajar a Bangkok. Asistimos a la última revisión médica con nuestra gestante, pudimos estar con ella, vimos a nuestro peque y oímos su corazoncito. Es indescriptible la emoción que se siente, la felicidad que te embarga.

El 4 de diciembre fijaron la fecha para el parto, que fue por cesárea. Nuestra gestante se encontraba bien, todo había sido perfecto. Tras 3 días en la “nursery”, pudimos llevarnos a nuestro hijo a casa, y poder estar día y noche con él, biberón a biberón y cambio de pañal incluido.

Cuando tienes a tu hijo por primera vez en brazos, es cuando realmente sabes que todo ha merecido la pena: los viajes, los esfuerzos, la distancia con tu familia y amigos, etc. Porque en ese preciso instante tienes contigo todo lo que quieres.

Trámites para obtener la paternidad del niño

Durante el proceso la legislación tailandesa sobre Gestación Subrogada cambió, permitiendo su acceso sólo a para parejas heterosexuales tailandesas y con problemas de fertilidad. Esto provocó que tuviéramos que adaptarnos a la nueva situación, realizando un laborioso trámite judicial exigido por la embajada española en Bangkok para demostrar nuestra paternidad.

Debido a este trámite debimos pasar en Tailandia casi 7 meses hasta la obtención del pasaporte de nuestro hijo. Esto nos permitió conocer mucho más acerca de la cultura de ese maravilloso país que nos ayudó a formar nuestra familia.

Además de acreditar con dos pruebas de ADN la paternidad, tuvimos que demostrar al juzgado tailandés que éramos unos padres adecuados para nuestro hijo; tal y como se realiza en un proceso de adopción en el que se analizó nuestros ingresos, propiedades, trabajos, entorno, estabilidad familiar y emocional, estatus cultural, creencias religiosas, etc..

En el proceso judicial y ante el cónsul, nuestra gestante renunció a cualquier derecho sobre el niño, y así quedó inscrito nuestro hijo en el registro civil de Bangkok, identificado como procedente de un proceso de Gestación Subrogada.

Gracias a nuestra experiencia en Tailandia volvimos con grandes amigos para toda la vida, nuestra pequeña gran familia tailandesa con la que hemos compartido de todo, allí y aquí, ya que pudieron venir recientemente a visitarnos.

En Tailandia está nuestro ángel, nuestra gestante, Nawarat, que nos ayudó a formar nuestra familia y que de inmediato pasó a ser parte de ella. Seguimos en contacto con Nawarat, nos mandamos fotografías y vídeos para que vea lo rápido que crece Chencho, y ella nos manda fotos con sus hijos.

“Esperando a Pingüi”

Durante nuestra espera hasta que naciera nuestro hijo, y seguros de que queríamos contarle sus orígenes, decidimos escribir un cuento para revelarle sus orígenes, lo titulamos “Esperando a Pingüi”.

El cuento nació a la vez que nuestro hijo, contando nuestra experiencia real, nuestros miedos y alegrías hasta que finalmente lo tuvimos en nuestros brazos.

“Esperando a Pingüi” está traducido al tailandés, porque queríamos que nuestra gestante, pudiera leerlo. El cuento le gustó mucho, porque nos ha dicho que gracias a él también pudo explicar a sus hijos y entorno cómo nos ayudó a formar nuestra familia.

Nunca pensamos que “Esperando a Pingüi” podía estar enfocado a ayudar a las gestantes a contar su generosa acción a sus hijos y familia, pero así es y nos encanta.

Un comentario

  1. usuario
    Juncal

    Madre mía menuda aventura para poder tener un bebé. 7 meses allí para poder traerlo a casa!!! No me quiero ni imaginar esa situación, que agobio solo de pensarlo. Me alegro de que mereciera la pena y que estén contentos después de todo. La idea del cuento me encanta!! he estado buscando y no hay muchos de esta temática. Mucha suerte a todos los papis y mamis que intentamos hacer de esto una realidad!!

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