El camino de Belén y Jorge hasta la gestación subrogada

Surrofair 2017, único evento dedicado a informar en materia de gestación subrogada en España, celebrado los días 6 y 7 de mayo, fue una oportunidad no solo para que padres de intención españoles pudieran conocer en mayor profundidad todo lo que conlleva esta técnica de reproducción asistida, sino también para que podamos conocer más de cerca casos reales que han llevado a todo tipo de familias a plantearse este tratamiento.

Por ello, os traemos la conmovedora historia de Belén y Jorge, una pareja que lleva luchando varios años para hacer realidad su sueño de ser padres. A continuación os mostramos su testimonio en palabras de Belén:

A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.

Endometriosis severa (grado 4)

Nos llamamos Jorge y Belén y hemos asistido este fin de semana a la feria y charlas que se han celebrado en Madrid. Creemos que se le da mucha notoriedad a las historias de parejas homosexuales y/o gente con dinero, y la realidad de las parejas heterosexuales y/o sin dinero no se muestra tanto. Por eso, te enviamos un resumen de cómo hemos llegado a la gestación subrogada.

Desde que me bajó la regla con 11 años, los días que estaba con ella eran horrorosos, muchos dolores, fuertes hemorragias y muchas, muchas medicinas. Había meses que no podía ir a clases, ni a trabajar, pero fui tirando como pude entre la píldora, antiinflamatorios y visitas a urgencias. Los ginecólogos no lo tenían claro, pero todo apuntaba a que padecía Endometriosis (una enfermedad aún desconocida, que sufren millones de mujeres y que te imposibilita llevar una vida normal).

El tiempo pasaba y conocí al que hoy es mi marido, con el que llevo 14 años. En mayo de 2014, nos casamos y decidimos que había llegado el momento de ser papás. Yo dejé mis pastillas, pero los dolores eran tan fuertes que a veces no podíamos ni mantener relaciones. En octubre de ese mismo año, estuve ingresada por los dolores y por un folículo hemorrágico, motivo que utilizó la empresa en la que trabajaba para despedirme.

A partir de ese momento, las reglas se convirtieron en mi peor pesadilla, los medicamentos no me hacían nada, cada dos horas estaba tomando algo, en la cama con sábanas y toallas calientes para controlar el dolor, hinchada, vomitando, sin poder dormir… un verdadero horror y lo peor es que cada vez era más intenso, por lo que tuve que empezar a tomar hormonas (píldora) y cancelar nuestra idea de ser padres.

Aguanté hasta junio de 2015 con pastillas de todo tipo y cada cual más cara, pero finalmente ese mes pasé por quirófano para mejorar mi situación e intentar ser padres de nuevo. Sin embargo, las sospechas se confirmaron: tenía “Endometriosis Severa” (grado 4).

Empezando tratamiento de FIV

Me quitaron miomas, quistes, separaron los ovarios del útero al que estaban adheridos por la endometriosis, limpiaron uréteres, vejiga y me separaron el recto de útero, entre otro montón de cosas que prefiero ni recordar. La recuperación fue complicada, pero a la vez estaba contenta porque esto serviría para aumentar la probabilidad de embarazo, incluso de forma natural, pero no fue así. A los dos meses de la operación mi situación era prácticamente la misma que antes. Todo lo que había pasado no había servido de nada. Como única opción, me dijeron que recurriera a la Fecundación In Vitro.

En enero de 2016, me sometí a un tratamiento de fertilidad; eso sí, por lo privado porque la Seguridad Social tarda meses hasta que te atienden. La estimulación fue bien y pudimos transferir dos embriones, dejando uno congelado para más adelante.

A los diez días de la transferencia noté como poco a poco me iba hinchando como un globo. Llamé a la clínica, me hicieron una analítica y… ¡POSITIVO! Estaba embarazada y lo que estaba teniendo era un hiperestimulación ovárica como consecuencia del embarazo. La alegría competía con el miedo que nos daba toda esa situación. Con el tema de la hiperestimulación, los análisis eran cada dos días y llegó un momento en que la Beta aumentaba pero no como se esperaba ni tampoco se lograba visualizar nada en las ecografías.

Encima de la hiperestimulación, por la cual estuve a punto de ingresar, resultó ser un embarazo ectópico. Tuvieron que ponerme dos inyecciones de una sustancia llamada metrotexate (es como una quimioterapia) para impedir que siguiese creciendo y no tuviese que ir al quirófano para extirparlo.

Tras la recuperación del aborto y pasado el tiempo necesario para eliminar la toxicidad del Metrotexato, decidimos intentarlo de nuevo con el embrión que teníamos congelado. Tardamos casi 4 meses en poder realizar la transferencia, pero en septiembre de 2016 lo conseguimos.

Embarazo a la segunda

Hicimos la transferencia y, de nuevo, ¡dio POSITIVO! Esta vez pudimos escuchar el latido desde la primera ecografía. Fue muy emocionante ver cómo eso estaba pasando dentro de mi cuerpo. La beta iba multiplicándose perfectamente pero tuve un hematoma que me obligó a estar de baja y en reposo absoluto hasta la semana 10-11 que se resolvió por completo.

Durante los primeros meses tuve muchas náuseas, incluso vértigos, pero lo más importante era que todo fuese bien. Por mis antecedentes y por lo del hematoma, sería un embarazo de riesgo. Además, en la ecografía de la semana 12, vieron que tenía Placenta previa, pero consideraron que podía empezar a moverme porque era muy pronto y lo normal es que la placenta vaya subiendo según avanza el embarazo. Fue una noticia agridulce porque en lo referente al bebé todo marchaba fenomenal y yo ya tenía menos síntomas.

Al tratarse de un embarazo de riesgo, me querían ver cada 4 semanas. En la semana 16, fuimos al médico y todo estaba perfecto. Además, el pequeño se dejó ver muy bien: sí, ¡¡era un NIÑO!! Con el consentimiento médico, nos fuimos el puente de diciembre a Galicia, para despejarnos y coger fuerzas para lo que nos esperaba.

Complicaciones en la placenta

Todavía no le habíamos dicho nada a nadie, solo lo sabían mis padres, mi hermano y mi cuñada porque habían tenido que ayudarme durante el tiempo que estuve en reposo absoluto. Ya con 16 semanas, parece que el riesgo bajó e íbamos a empezar a decírselo a toda la familia y a los amigos porque, después de todo lo que habíamos pasado, el esfuerzo físico, mental y económico que había supuesto todo el camino hasta conseguirlo, necesitábamos decirlo, compartir esa felicidad con nuestra gente.

Pero llegó el día 9 de diciembre de 2016, cuando ingresé en un hospital en Lugo a 500 km de mi casa, de mi familia. Ingresé por una hemorragia. Me iban a dejar en observación con reposo absoluto para ver la evolución porque la placenta era una Placenta previa oclusiva. De repente, me empecé a marear y sangrar muchísimo; recuerdo a las enfermeras con toallas y sábanas en mi cama y todo lleno de sangre.

Enseguida llamaron a los ginecólogos de urgencias y en una pequeña habitación tuvimos que tomar la decisión más importante de nuestra vida. El bebé estaba perfectamente, no paraba de saltar, no había sufrimiento, la placenta no se estaba desprendiendo, aparentemente no había nada que justificase lo que estaba pasando, pero yo me desangraba y estaba casi inconsciente.

Era él o yo, y con esas semanas, poco podían hacer para sacarlo adelante, así que salieron corriendo al quirófano (como en las películas) para salvarme la vida. Yo, a pesar de mi estado, era consciente de la gravedad de la situación y sabía que la solución no sería un legrado normal y corriente, por lo que, antes de anestesiarme, les pedí que me dejaran los ovarios aunque el útero me lo tuviesen que quitar.

Histerectomía total

Esas ganas de ser madre estaban más presentes que nunca y yo estaba ya pensando más allá (cuando estuve en reposo, leí mucho sobre embarazo y gestación subrogada). En el quirófano nada iba bien, estaba embarazada de 17 semanas, intentaron un legrado pero no paraba de sangrar, salieron para explicar y pedir el consentimiento a mi marido para extirparme el útero y el cuello del útero y ver si así conseguían parar la hemorragia.

El proceso por el cual se extirpan tanto el útero como el cuello del útero se conoce como histerectomía total. Es una de las intervenciones ginecológicas más frecuentes cuando se diagnostica cáncer de cérvix o de útero, así como en casos graves de endometrosis en los que las hemorragias causan numerosas dificultades.

Me quedé con 4 de hemoglobina, me tuvieron que transfundir 11 bolsas de sangre, plasma, plaquetas y no sé cuántas cosas más. Mi vida estaba en juego porque cualquier órgano podía dejar de funcionar.

Estuve varios días en la UCI, pero gracias a mi marido y mis padres que cogieron el primer autobús que pudieron porque estaban en Madrid y estuvieron durante 16 días viviendo entre el hospital y el hotel. Gracias también a mi hermano, mi cuñada, el resto de mi familia, nuestros amigos, conseguí salir adelante y, por supuesto, gracias al personal del hospital que desde el primer momento me trataron como si fuese alguien de su familia. El día 23 de diciembre me dieron el alta. Pasamos la Navidad en Galicia y a los 2 días nos vinimos a Madrid.

En febrero, llegó el informe de la anatomía patológica: Placenta Increta. Es un tipo de placenta que se agarra más de lo que debería y llega a traspasar el útero. Eran tantas las ganas de ser padres que yo al principio le decía que se agarrase bien, que no lo podíamos perder y se cumplió a rajatabla: ni él se quería ir ni nosotros que se fuera. Por intentar dar vida, casi pierdo la mía.

Planteándonos la adopción

Una vez en Madrid, estuve ingresada otros 5 días porque tenía un hematoma infectado en la cúpula de la vagina, el cual me tuvieron que aspirar. Ahora estoy recuperada, me han quedado algunas secuelas en el sistema urinario y la tripa la tengo deforme, pero estoy lista para afrontar lo que sea con tal de conseguir mi sueño, nuestro sueño.

Nada más salir del hospital, fui a informarme a la Comunidad de Madrid sobre las adopciones, pero igual que llegué me fui. No hay adopción nacional, solo de niños con discapacidades severas y acogimiento. Si estábamos interesados en adoptar, solo podría ser en otros países.

Me comentó que debíamos acudir a una reunión y que allí nos contarían la situación actual de la adopción internacional, que estaba casi parada y que rondaba los 7-8 años en función del país, y me entregó una lista con los países, tiempos, agencias, requisitos… la dejé de leer en la 7.ª página. Era increíble lo que estaba leyendo, así que decidimos mirar el tema de la gestación subrogada.

Nuestra aventura en gestación subrogada

Nos pusimos en contacto con varias agencias para informarnos y finalmente escogimos una, con la que estamos encantados y de su mano nos embarcamos en esta aventura de formar una familia mediante gestación subrogada, que no es nada fácil y que con mucho, mucho esfuerzo vamos a conseguir.

Para mí, lo peor de todo ha sido asimilar el hecho de haberlo tenido tan cerca, porque al contrario que muchas mujeres que recurren a esta técnica, yo sí sé lo que es estar embarazada. La recuperación física es difícil, pero la emocional, el salir de ese pozo en el que estaba, lo ha sido mucho más, pero a día de hoy tengo algo por lo que luchar aunque tengamos que irnos fuera.

Si no sucede ningún contratiempo, a finales de mayo viajaremos a Ucrania para la punción y obtención de embriones para congelarlos, ya que con la endometriosis los ovarios pueden ir dañándose, y en agosto seguramente ya podremos conocer a esa maravillosa mujer que va a cuidar a nuestro hijo durante esos 9 meses.

Este proceso no es fácil ni barato. Nosotros vamos a gastar los pocos ahorros que nos quedan después de haber pasado por dos tratamientos de fertilidad, los ahorros de mi familia y un crédito que hemos tenido que pedir y que pagaremos como podamos, pero lo que sí tengo claro es que lo que esa mujer va a hacer por nosotros no tiene precio, ni hay forma de agradecérselo.

Ahora tengo fuerzas, ilusión y valentía de sobra para afrontar este camino y sobre todo de ser madre y formar una familia con mi marido que también lo ha pasado muy mal. Espero que nuestro caso sirva para algo y dentro de poco podamos celebrar su aprobación en España.

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