¿Cuándo es necesario hacer el DGP o PGS?

Por (embrióloga).
Actualizado el 20/05/2015

El DGP (diagnóstico genético preimplantacional) o el PGS (preimplantational genetic screening) son técnicas que analizan la genética del embrión de forma previa a su implantación con el fin de determinar si existen en él anomalías genéticas que puedan causar una enfermedad en el recién nacido.

Sin embargo, la manipulación que implica este análisis puede afectar a la calidad embrionaria y por ello no debe hacerse como rutino, sino únicamente en los casos indicados.

A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.

Realizar siempre el análisis genético

Existen alteraciones genéticas como la trisomía 21 que no evitan la implantación y posterior desarrollo hasta el nacimiento, y otras que por el contrario no permiten que el embrión implante o aunque llegue a implantar no permiten que se desarrolle más allá de los primeros meses, provocando un aborto.

Frente a la idea de un aborto o del nacimiento de un niño con alguna enfermedad genética, son muchas las parejas que se plantean realizar el DGP o el PGS «por si acaso», a modo de seguro, para aumentar las probabilidades de éxito de un tratamiento reproductivo. Pero, ¿realmente aumenta las probabilidades de éxito? ¿Es siempre recomendable realizarlo? ¿Cuáles son los riesgos?

La idea general que se tiene del DGP o PGS es que es una técnica que va a mejorar la probabilidad de que el embrión implante tras la transferencia y por tanto la probabilidad de conseguir el objetivo perseguido por las parejas que se someten a tratamientos de reproducción asistida: el nacimiento de un niño sano.

Sin embargo, el DGP no debe hacerse siempre. Está indicado únicamente para las siguientes situaciones:

  • Uno o los dos miembros que aportan el material genético son portadores de una anomalía o una enfermedad genética hereditaria.
  • Fallos repetidos de implantación.
  • Fracasos en la fecundación in vitro.
  • Aborto espontáneo repetido.
  • Edad materna avanzada.

En el primer caso, la indicación del DGP es imprescindible para evitar la herencia de enfermedades como la fibrosis quística, el Síndrome del X-frágil, la Enfermedad de Huntingon, la beta-talasemia, la retinosis pigmentaria, la distrofia muscular, etc.

En cuanto al segundo y tercer caso, cuando una persona o pareja lleva varios intento de fecundación in vitro y no consigue el embarazo, se sospecha que puede haber alguna anomalía genética en los gametos o creada de novo en los embriones.

Lo mismo ocurre cuando se producen sucesivos abortos; se intuye que existe algún defecto genético que, aunque no impide que se produzca la implantación, sí causa un bloqueo en el desarrollo fetal posterior.

A partir de los 37-40 años de edad de la mujer, no solo se va perdiendo cantidad de ovocitos sino también se reduce la calidad de los mismos. Por esta razón, los ovocitos de mujeres en edad avanzada son más susceptibles de transmitir algún defecto genético a la descendencia; de ahí que se recomiende a partir de los 40 años realizar el análisis genético de los embriones previamente a su transferencia.

Para realizar un DGP, es necesario llevar a cabo una fecundación in vitro (FIV) como tratamiento base. Si estás buscando una clínica donde iniciarlo, te recomendamos obtener este informe de fertilidad personalizado, con información detallada de las clínicas de tu zona que cumplen nuestros criterios de calidad y sus presupuestos. Además, incluye consejos que te serán de gran utilidad a la hora de hacer las primeras visitas a las clínicas.

En países como Estados Unidos es la pareja la que decide sí quiere realizar la FIV con análisis genético previo a la implantacion, cumpla o no estas indicaciones. Por el contrario, en otros países como en España, la técnica debe estar indicada por alguna de las razones anteriores para poder ser aplicada.

Riesgos del DGP o PGS

Si el DGP y el PGS solo tuvieran ventajas, se realizarían en todos los tratamientos. Sin embargo no es así, principalmente por el coste económico que implica y también por los posibles riesgos, ya que se trata de un procedimiento especialmente agresivo.

Esta técnica de análisis genético requiere extraer una o dos células del embrión para analizarlas genéticamente, lo cual implica la manipulación del embrión.

Mientras manipulamos el embrión para analizarlo posteriormente y poder así aumentar las tasas de implantación, estamos a la vez reduciendo su potencial natural de implantación y desarrollo, ya que no se conocen con exactitud los efectos que la biopsia puede tener sobre ellos. Estamos alterando las condiciones de cultivo y sometiéndolo a cierta presión que quizá podría causarle las alteraciones que luego detectamos.

DGP y PGS en gestación subrogada

La gestación subrogada es una modalidad de la fecundación in vitro por la que la transferencia se realiza a una mujer diferente a la persona que va a criar al bebé. Pero esto no supone cambios en el procedimiento de la técnica reproductiva por lo que las indicaciones del DGP deberían ser las mismas. Sin embargo no siempre lo son.

Por ejemplo en la gran mayoría de los tratamientos de gestación subrogada realizados en Estados Unidos se ofrece a los futuros padres la posibilidad de realizar el DGP o el PGS a los embriones antes de la transferencia a la gestante. Pero, ¿qué sentido tiene realizar el DGP o el PGS en una pareja gay sin antecedentes de enfermedad genética, seminograma correcto y óvulos de donante de alta calidad?

El análisis genético supone un gasto económico muchas veces innecesario. Las clínicas lo ofrecen como garantía de éxito pero es importante que los pacientes sepan cuándo es realmente necesario realizarlo y cuándo puede suponer un perjuicio.

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Autores y colaboradores

 Andrea Rodrigo
Andrea Rodrigo
Embrióloga
Licenciada en Biotecnología por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) con Máster Universitario en Biotecnología de la Reproducción Humana Asistida, impartido por la Universidad de Valencia en colaboración con el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI). Postgrado de Experto en Genética Médica. Más sobre Andrea Rodrigo

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