El parto por cesárea

El parto supone la culminación del embarazo y el nacimiento del tan deseado bebé. Existen dos grandes tipos de parto: el parto vaginal y el parto abdominal o cesárea. El parto vaginal es la manera natural de dar a luz. Aunque generalmente se administra anestesia para reducir el dolor, es la propia mujer la que favorece la expulsión del bebé. Sin embargo, el parto por cesárea es una intervención quirúrgica en la que se extrae al bebé del vientre a través de una abertura en el abdomen.

En el contrato de gestación subrogada se deberá hacer referencia a la forma en que se llevará el parto, dentro de lo posible ya que no en todas las situaciones puede programarse o elegirse la forma de dar a luz.

A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.

Índice

El parto por cesárea

Procedimiento

La cesárea se realiza siempre bajo anestesia epidural mientras que en el parto vaginal es la mujer la que decide si quiere aplicarse la epidural y reducir el dolor de las contracciones o por el contrario prefiere llevar un parto 100% natural.

La incisión abdominal suele realizarse de forma horizontal en el bajo vientre. Se realizan dos incisiones: una en el abdomen (laparoscopia) y otra en el útero (histeroscopia). También es posible hacer la abertura verticalmente, aunque por razones estéticas, éste no es el modo común de actuar.

Debido a los avances tecnológicos en medicina, la cesárea dura actualmente entre 15 y 30 minutos, incluida la extracción de la placenta.

La recuperación es algo más larga y dolorosa que en el parto natural debido a la abertura realizada. Los puntos en el útero se reabsorben naturalmente pero los puntos o grapas de la última capa (piel) deberán ser retirados aproximadamente una semana después del parto.

¿Cuándo se realiza la cesárea?

Aunque prácticamente toda mujer prefiere el parto vaginal y así es recomendado generalmente por los médicos, existen algunas situaciones en las que es necesario realizar la cesárea.

Teniendo en cuenta que se trata de una intervención quirúrgica, este método de alumbramiento no queda exento de posibles riesgos y complicaciones. Por esa razón, solo se debe realizar en casos en los que el beneficio sea mayor que el riesgo:

  • Mala posición del feto: si el niño está de nalgas, transversal o con los pies por delante el parto vaginal puede resultar peligroso.
  • Si la madre ya ha sufrido anteriores intervenciones uterinas o cesáreas.
  • Cuando el tamaño del niño es muy grande.
  • Problema de la placenta previa, es decir, cuando la placenta está muy baja y obstruye el canal uterino.
  • Cuando el parto vaginal se detiene o surge algún problema durante el mismo
  • Transmisión vertical: si la gestante tiene alguna infección que puede ser transmitida al feto a través del canal de parto como el VIH o el virus del herpes. Esto no es común en gestación subrogada ya que las gestantes pasan una serie de controles médicos antes de someterse al proceso de gestación subrogada.
  • Prolapso del cordón umbilical o si se encuentra el cordón enrollado en el cuello del bebé.
  • Bradicardia o cualquier otro estrés en la gestante que pueda causar sufrimiento fetal.
  • En casos de diabetes, hipertensión u otra enfermedad en la gestante que requiere actuación rápida del parto.
  • Embarazo múltiple, especialmente trillizos, cuatrillizos…

Es importante destacar que, aunque la cesárea sea actualmente una intervención común y relativamente segura, no debemos olvidar los riesgos, pues no deja de ser una intervención quirúrgica.

Un comentario

  1. avatar
    Karina

    Mi primer parto fue vaginal y el segundo por cesárea y la verdad que con la cesárea fue todo un poco más complicado. La recuperación fue más larga y dolorosa.

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